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viernes, 3 de abril de 2009

Tristan Tzara - Manifiesto y Poemas


Está enterrado en el cementerio de Montparnasse, ya que no pudo objetar ante ello. Para hablar de Tzara tendríamos que hablar de la Segunda Guerra Mundial, o no, quizá únicamente tendríamos que mencionar sus vestigios morales. Al todos ver las ciudades caídas, desmoronadas como pasteles después de la mordida, cambió la visión de la esperanza y de la libertad y de la justicia y todos esos preceptos morales casi epitafios. Entonces llegó el DADÁ vestido de papalote a incendiar desde Viena hasta París, desmoralizándolo todo (eso es de un verso) y lisonjándolo todo. Es curioso que en los manifiestos dadaístas está descrita la cultura como elitista, el mundo y la sociedad como un absurdo, la humanidad como una corriente inércica que hace de su vida su juego y su papel actoral sartreriano. Es más curioso que los poemas de Tzara sean tan humanos, después de parecer un "enfant terrible", de admonitorio dedo índice en busca de falacias.

Sus poemas son conversaciones hacia el viento, símbolos de anatomía y del mundo moderno (en ese entonces) conjugados. La nobleza resbala en el cauce de su verso, la claridad de un mundo verdadero, cierto, que ocurrió. Para que el mundo del poema sea el mundo de la verdad, se engarzan realidades internas y realidades externas. Eso es hacer del verbo carne, ingenuamente y sin chistar.

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martes, 27 de enero de 2009

Siete Manifiestos DADÁ



Éste hombre salía a la calle feliz, barbitúrico y seguro de lo que hacía, con un anaranjado cono en la cabeza, con único motivo de escandalizar a la burguesía, puritana, estéril e igualmente hedionda. Preguntaba a las jóvenes burguesas, ¿en la masturbación es más útil la imaginación? Cosas así, cuando en París la palabra pañuelo era considerada inmoral, por tener una estrecha relación con las mucosidades nasales (mocos).

¿Qué es DADÁ?, aquellas dos letras, que a la vez de bobas, redondas e interminables (bien puede uno continuar diciendo DADÁ y seguirá siendo lo mismo), pueden recordarle con la misma fonología al hombre lo siguiente: hombre, sí, tú, que te haces llamar Humanidá; tú eres una abstracción, una tontería, una maquinación estúpida de utopías irracionales, ¿psicología? ¡moda y psicología!, ¡Freud avanzando galanamente por la alfombra roja!, ¿cultura?, ¿qué cultura hay en éste mundo de supersticiones y prejuicios? ¡A la verga la cultura, las artes y las estiquetas de toda y cada cosa que sabemos del Universo! Éste hombre lo pensó, en la I Guerra Mundial, sentado en los arrabales de su pobreza, formulando el método de la desmoralización universal, que a mi parecer es un buen estimulante de la Libertad Humana, único camino hacia nuestra realización individual.

Todo estaba vinculado al pronfundo ASCO que aquel mundo propiciaba. Un mundo que inspiraba nihilismo, desesperación y descreencia.

Bretón después llegó a defecar las ideas prefabricadas, para moldarlas a gusto de las élites y los psicoanalistas (no menosprecio su trabajo, simplemente creo que la cagó).

Y bueno, para terminar:
DADÁ no es un método, DADÁ no es una manera, una forma o un estereotipo. Para mí, casi cien años después de La primera aventura celestial del señor Antipirina (1916), DADÁ es uno de los movimientos más puros y sinceros que a existido en la historia del arte.

Descargar Siete Manifiestos DADÁ (1921)